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El blog de las madres primerizas

La desnudez en la familia

por Laura Rivero 20 - Enero - 2010

Foto de la Web: elle.es

Foto de la Web: elle.es

La desnudez en casa es uno de los temas más controversiales en cuestiones de crianza. Hay quienes creen que desde los primeros años los cuerpos desnudos de papá y mamá se deben vedar completamente al niño, mientras que otros no le ven nada de malo.

Mamás, papás y hasta especialistas tienen opiniones encontradas, por lo que la mejor decisión es la que tome la familia a conciencia.

El contacto en los primeros meses es esencial

Durante los primeros meses de vida, el bebé requiere del contacto directo con el cuerpo de sus papás. Esto es normal y saludable para él. Necesita ser tocado, abrazado y besado, sentirse querido y protegido por sus progenitores y el baño es un momento muy oportuno para este contacto.

Pero a medida que los chicos empiezan a crecer, a hablar y a observar con mayor atención, aparece la pregunta: ¿hasta cuándo es bueno bañarse con los niños?

Dónde está el límite

La respuesta no es simple. Muchos pediatras y psicólogos infantiles desaconsejan bañarse con los niños mayores de dos años porque se debe evitar “erotizar” al niño. Los pequeños van desarrollando su propia identidad sexual, construyendo sus fantasías y deseos, se tocan, les gusta, miran a otros, quieren tocarlos.

Esto es normal y forma parte del desarrollo psicosexual, pero los padres no deben satisfacer estas curiosidades ni convertirse en el objeto real de deseo de sus hijos.

Para otros, en cambio, responder a las dudas, mostrar las diferencias y explicar a los chicos lo que necesitan saber sobre su sexualidad y la de los otros es más sano. Pero el límite hay que ponerlo en algún momento. A veces es el pudor de los padres, otras el de los propios niños. Entre los 4 y los 6 años, los niños dejan de querer bañarse con los padres y ese es el momento en que hay que marcar las diferencias.

Mi cuerpo es mío

De acuerdo con el desarrollo del niño, en torno a los 4 años aparecerá el pudor y la búsqueda de la privacidad. Los niños requieren su propio espacio para jugar, explorar y conocer su cuerpo sin la intervención de los adultos.

Desde esa edad se les debe marcar el límite. Explicar no sólo con palabras, sino con actos, que su cuerpo es suyo y que no deben mostrarlo ni dejarse tocar por otros. Que tienen que preservarlo y cuidarlo, porque es algo íntimo.

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