Niños y Bebés

Todo lo que tienes que saber de tus niños y bebés




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En los primeros días de nacido podrías confundir ciertas actitudes de tu bebé con síntomas de alguna enfermedad. Observa bien y no confundas la realidad.

Es normal que os sintáis nerviosos en su primera semana de nacimiento, y que os alarme cualquier comportamiento supuestamente anormal en el bebé.

Estad atentos, porque hay síntomas que no merecen una visita al pediatra; conócelos a continuación e identifícalos.

 

bebé enfermo

¡Mi bebé está enfermo! (Imagen de: © Brigitte Sporrer/cultura/Corbis).

 

Regurgitación

Es la expulsión por la boca de un poco de alimento, lo cual puede darse –con frecuencia y de forma seguida- debido a que la entrada del estómago es aún débil y no se cierra completamente en los primeros días de vida del pequeño.

Aunque parezca alarmante ver al niño con estos síntomas, hay que mantener la calma cuando tu hijo se enferma. Los efectos no suelen ser tan graves, tan solo puede llegar a padecer contracciones gástricas o irritación por el el continuo líquido. Si las regurgitaciones son demasiado frecuentes, mejor llévalo al pediatra para descartar posibles incovenientes de salud.

Vómito

A diferencia de las regurgitaciones, botar contenido gástrico por la boca o nariz sí puede ser un síntoma más frecuente y una señal de una enfermedad más grave.

El vómito puede darse por intolerancia a la leche administrada o a la estenosis hipertrófica (la obstrucción del píloro, que se encarga de regular la salida del estómago). Esta última causa que el bebé tenga hambre continuamente, ya que cada toma que ingiere es expulsada inmediatamente.

Si esto sucede, es recomendable llevarlo al pediatra; pero si sólo se produce en algunas tomas y de forma moderada no hay que alarmarse, sólo dale de comer de nuevo antes de tiempo.

Hipo

Es una contracción espasmódica del diafragma causada por la entrada de aire, la cual aparece días después del nacimiento del niño.

El hipo se produce cuando el bebé ha llorado por un tiempo prolongado, así como también, puede suceder cuando la mamá todavía no tienen mucha leche, por lo que al succionar hace que el bebé trague gran cantidad de aire.

El hipo no está acompañado de dolor, y suele desaparecer gradualmente a partir de los dos meses de vida. Si quieres evitarlo, coge al bebé y colócalo en posición vertical para ayudarlo a expulsar el aire.

 

¡Mamás! No os preocupéis demasiado, solo asistan al pediatra cuando realmente sea necesario, pero principalmente mantengan la calma en todo momento, ya que podéis transmitir ese estrés al bebé, y a este a su vez se desespera aún más.

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