
Foto de la web: bebesyenbarazo.com
Para muchos padres cuando llega la hora de comer, esta experiencia se convierte en una de las más desquiciantes y estremecedoras del día, especialmente si el niño de forma habitual es de los que no comen bien.
Para que esta circunstancia no crispe los nervios de los papás más de lo que debieran, hay que tener en cuenta algunas reacciones que tanto bebés como padres deben tener para que el entendimiento a la hora de comer sea mucho mayor.
Si el niño nota que los padres están nerviosos, este nerviosismo también se le podrá transmitir a él y por tanto no será recomendable ya que empeorará todavía más la situación.
Evitar el nerviosismo paterno y materno
En primer lugar cuando se acerque la hora de comer no se debe cambiar en absoluto la actitud. La normalidad debe ser la norma que se imponga en este momento del día. Es necesario intentar que el niño comprenda que la hora de comer es algo necesario y que no tiene por qué ser un momento desagradable, todo lo contrario, puede ser divertido y además un espacio a compartir con sus papás.
Si el niño ya es algo mayor y tiene la capacidad de comprender y contestar a los papás, uno de los trucos para que se vaya acostumbrando a las rutinas de la comida es advertirle que debe comer, y que en el caso de que no lo haga en un tiempo determinado, sus papás le retirarán el plato, ya que supondrán que él no quiere comer más y hasta que sea la hora de la comida de nuevo no volverá a probar bocado.
Crear rutinas
Aunque en principio esta norma pueda resultar cruel, gracias a ella el pequeño comprenderá que debe comer a sus horas, ya que por mucho que suplique después, nadie le dará comida y tendrá que esperar a que llegue el momento de la cena, por ejemplo, pasando hambre.
Otra de las normas que deben resultar inamovibles bajo ningún concepto es la de respetar siempre los mismos horarios (salvo algún acontecimiento extraordinario), y para ello además se ha de seguir una serie de costumbres, como es la de lavarse las manos antes de comenzar y una vez se haya terminado. Este tipo de rutinas les hará más sencillo acostumbrarse a este momento.
Es necesario armarse de paciencia, pero poco a poco los resultados se irán viendo y el niño comenzará a tomar la hora de la comida como una de sus rutinas, sin más.
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