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El blog de las madres primerizas

Dormir con los niños

por Laura Rivero Enero - 15 - 2010

Foto: cuidadoinfantil.net

Foto: cuidadoinfantil.net

Uno de los temas más controversiales en el ámbito de la crianza, es el del colecho, que quiere decir compartir la cama con los hijos.

Hay quienes aseguran que es un acto de amor y están los que lo ven como una pérdida de privacidad o la posibilidad de dañar de por vida al bebé. Las opiniones están divididas y la decisión final siempre la tienen los padres.

Posturas para todos los gustos

En muchos países, durante el primer año se comparte la cama con el bebé. Las razones son varias: facilita el descanso y la alimentación, la mamá está más atenta y segura, el bebé duerme más plácidamente al sentir el cuerpo de su mamá. Esto no es para nada malo porque el niño necesita el contacto durante el día y la noche para crecer sano y feliz.

Muchos sugieren que sea el propio niño el que marque el momento de retirarse de la cama familiar. Esto puede ocurrir espontáneamente entre los 2 y los 4 años, aunque en algunos casos (los menos) no ocurre nunca.

Pero para otros, al cumplir los seis meses el bebé ya debe abandonar no sólo la cama, sino la habitación de sus padres. Para muchas mamás, esto genera angustia y desesperación por no poder estar rápidamente al lado de su hijo. También es común pensar que no se lo va a escuchar si llora.

Se argumenta que el niño debe tener su espacio desde temprana edad y aprender que sus papás tienen también el suyo, y no se deben mezclar.

El instinto que nos guía

Cada adulto tiene su propia personalidad y creencias, al igual que cada niño. Por eso, la decisión sobre compartir o no la cama dependerá de la familia en su conjunto y no sólo de una opinión del pediatra. No está comprobado que alguna de las dos posturas tenga más beneficios o riesgos que la otra, por eso cualquiera sea la decisión, es respetable.

Dormir con los niños puede ser la experiencia más maravillosa o la más terrible, dependiendo de la convicción de los propios padres y del comportamiento del niño. No se trata de forzar situaciones. Si el bebé muestra desde pequeño que quiere dormir solo, se lo debe dejar. Tampoco debemos ir en contra de nuestros propios sentimientos.

Cualquiera sea el caso, es bueno conversarlo en pareja y tomar todas las precauciones necesarias para hacer del sueño un momento placentero y feliz, todos juntos o cada uno en su cuarto.

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Cómo elegir la cuna del bebé

por Covadonga Carrasco Agosto - 21 - 2009
Foto de la web: casaactual.com

Foto de la web: casaactual.com

Este será uno de los elementos imprescindibles en los primeros meses de vida de tu pequeño, por eso es necesario que tengas en cuenta muchas más cosas que simplemente el aspecto de la cuna.

Existen innumerables modelos, formas y tamaños, pero no todos son seguros, ni se adaptan a las necesidades de cada bebé.

Por eso hoy queremos ayudarte a que hagas la mejor elección para que tu hijo descanse como merece de manera segura y confortable.

Seguridad ante todo

Para los recién nacidos, las cunas ideales son aquellas que tienen un tamaño más pequeño, ya que de ese modo se sienten más protegidos, para ello existen los tradicionales moisés de mimbre, que además de bonitos son muy prácticos o las denominadas mini-cunas que son similares a las cunas normales pero de menor tamaño.

A partir de los cuatro meses esta se podrá cambiar por una de mayor tamaño, que en realidad es una cama con protecciones que posteriormente podrá ser usada por el niño hasta que cumpla aproximadamente unos ocho años.

Existen también cunas – mecedora, que te serán muy útiles si el bebé tiene problemas para conciliar el sueño, ya que con el movimiento se relajará de manera mucho más rápida y se quedará dormido antes.

Numerosas opciones

En cuanto a la seguridad de este tipo de mobiliario tendrás que tener en cuenta algunas cosas:

En primer lugar debes ser consciente de que el recién nacido se mueve mucho a pesar de ser tan pequeño, por eso es mejor cubrir con las denominadas “chichoneras” para que no se golpee la cabeza contra los barrotes de la cuna, no importa el material de que esté hecha.

La chichonera es una estola de goma-espuma cubierta de tela con diversos motivos decorativos infantiles que cuenta con lazos para ir atando a los barrotes de la cuna.

También existen sillas que llevan incorporadas ruedas que te resultarán muy prácticas en el caso de que quieras moverla sin tener que sacar al bebé de ella.

En general son todas bastante seguras, aunque muchas veces como en el caso de la chichonera es necesario comprar accesorios que protejan todavía más la salud de nuestro bebé.

Si además tienes poco espacio, recuerda que ya existen cunas que hacen la función de cambiador para que puedas ahorrar tanto en espacio como en economía y resultan igual de seguras y confortables.

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Los terrores nocturnos

por Covadonga Carrasco Julio - 24 - 2009
Foto de la web: quiteloudfm.com

Foto de la web: quiteloudfm.com

Resulta algo muy común, pero también puede confundirse con otro tipo de problemas. Por eso vamos a intentar definir de qué se trata exactamente y de este modo puedas ayudar a tu hijo.

A menudo los niños entre 3 y 6 años se despiertan alterados por culpa de los sueños que acaban de tener. Generalmente, cosas que les han pasado a lo largo del día pueden ser la pista de algún miedo o angustia que tiene el pequeño y que dan la cara a través de los sueños.

Al ser tan pequeños no llegan a entender que son solo eso, sueños, y que lo que acaban de experimentar no es en absoluto una experiencia real.

En este caso podemos hablar de pesadillas, no de terrores nocturnos. Cuando encontramos a nuestro hijo asustado, nervioso e incluso agresivo y no reacciona ante nuestros intentos de tranquilizarlo es cuando podemos hablar de terrores nocturnos.

¿Cómo diferenciarlo de una pesadilla?

En el caso de las pesadillas, los pequeños aunque asustados despiertan completamente del sueño que les ha causado la angustia, sin embargo, en el caso de los terrores nocturnos, lo que sucede es que el despertar no es completo, solamente se produce de manera parcial.

Si se trata de un mal sueño, el niño explicará qué es lo que ha visto y ha sentido; si esto no es así y tras el ataque de nervios el niño no puede recordar que es lo que le ha hecho sentir así, no se trata de una pesadilla normal. Además, en este último caso, el pequeño no encuentra consuelo en la presencia de sus padres. Es más, es muy probable que ni tan siquiera sea consciente de que estáis allí, a diferencia de las pesadillas, en las que la reacción del niño será buscar el abrazo y la protección de sus papás.

No recuerdan qué ha sucedido

A la hora de volver a quedarse dormido, si ha sufrido un terror nocturno el niño se quedará dormido rápidamente, porque a pesar de haberse sentido agitado y mal durante ese tiempo no recuerda absolutamente nada, ni lo que le ha hecho sentirse asustado ni el pánico que ha vivido durante esa experiencia.

Por el contrario si de lo que se trata es de una pesadilla, le costará mucho más quedarse de nuevo dormido porque sí recuerda qué es lo que ha pasado.

Poco a poco, ambos problemas irán desapareciendo, pero en el caso de que se mantengan durante largas temporadas, será necesario acudir a un profesional para que evalúe a pequeño.

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Chupete sí o no

por Covadonga Carrasco Julio - 16 - 2009
Foto de la web: http://mujer.terra.es

Foto de la web: http://mujer.terra.es

Los padres primerizos se vuelven locos con la cantidad de consejos que todas las personas de su alrededor, con todo el cariño del mundo, se empeñan en darles.

Cada uno aplica su experiencia a la hora de intentar ayudar a los recién estrenados padres, pero no siempre éstos deben hacer caso. Lo ideal es que sea el profesional el que les indique lo mejor para su hijo y se dejen de lado los maravillosos “remedios de la abuela”.

Uno de los ejemplos más comunes es el del chupete. Muchos consideran que no es adecuado para el desarrollo de sus bebés y otros no son capaces de sobrevivir sin ese gran aliado.

Algunos expertos consideran que introducir la costumbre del chupete cuando el bebé aún es un recién nacido no es algo positivo ya que puede provocar que el niño no se acostumbre a amamantar ya que la tetina y el pezón tienen, obviamente, diferentes tamaños y texturas y puede confundirle.

Efecto sedante

Por otra parte el chupete tiene un efecto calmante para los más chiquitines durante sus primeros meses de vida, ya que la boca se convertirá durante esta etapa además en una maravillosa forma de descubrir el mundo.

Lo ideal sería que el bebé comenzara a usarlo con un mes y no de forma continuada, para que se le pueda retirar antes de que cumpla el año, ya que puede provocar deformaciones en el paladar y en los dientes.

Consecuencias negativas

Este tipo de deformaciones puede generar otras consecuencias negativas como son las de entorpecer el desarrollo normal del habla del niño, ya que para que este se produzca sin problemas es necesario que tanto los dientes como la mandíbula encajen de forma correcta.

No resulta recomendable el uso del chupete cuando los bebés aún no han cumplido el mes, ya que existen mayores posibilidades de aspiración de su vómito que es mayor en un bebé recién nacido con chupete que si no lo usa.

Los niños que llevan chupete se acostumbran a respirar por la boca, lo que también puede provocar muchos problemas a medio – largo plazo.

De todos modos si no se le ofrece el chupete para calmarle, el bebé rápidamente se dará cuenta de que tiene dos manitas que también podrá introducir en su boca para relajarse, eso y cualquier otro objeto que tenga a mano…

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